Fatiga crónica

La etiqueta “síndrome de fatiga crónica” (SFC) ha persistido durante muchos años pero en vista de recientes investigaciones y la experiencia clínica que apunta fuertemente a inflamación generalizada y neuropatología multisistémica, es más apropiado y correcto utilizar el término “encefalomielitis miálgica” (EM) porque indica una subyacente patofisiología, si bien es cierto que dicha interpretación nace de los criterios de consenso internacionales publicados en julio de 2011 en la revista “Journal of Internal Medicine”, al cual nos remitimos.

La nueva denominación es coherente con la clasificación neurológica de EM en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (ICD G93.3).

La fatiga crónica o encefalomielitis miálgica es una enfermedad neurológica adquirida, con alteraciones globales complejas. Sus características más destacadas son el trastorno patológico de la regulación de los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino, con afectación del metabolismo energético celular y del transporte de iones. Aunque los signos y síntomas son dinámicamente interactivos y están conectados causalmente, los criterios se agrupan por regiones fisiopatológicas para ofrecer una idea de conjunto.

El paciente deberá cumplir:

  • Los criterios de agotamiento neuroimmunitario post-esfuerzo (A),
  • Al menos una manifestación de las tres categorías de deterioro neurológico (B),
  • Al menos una manifestación de las tres categorías de deterioro Inmunitario/ digestivo/ genitourinario (C) y
  • Al menos una manifestación de deterioro del metabolismo o del transporte de energía (D).

A. Agotamiento neuroinmunitario post-esfuerzo.

Obligatorio. Esta característica fundamental se refiere a la incapacidad patológica para producir energía suficiente cuando se requiere, con manifestaciones predominantes principalmente en los ámbitos neuroinmunitarios. Sus características son:

  • Fatigabilidad física y/o cognitiva, intensa y rápida, en respuesta a un esfuerzo que puede ser mínimo, como las actividades de la vida cotidiana o tareas mentales sencillas. Puede ser extenuante, y causar una recaída.
  • Agravamiento de manifestaciones post-esfuerzo: p.e. manifestaciones agudas similares a las de la gripe, dolor, y empeoramiento de otras manifestaciones.
  • El agotamiento post-esfuerzo puede aparecer inmediatamente después de la actividad o retrasarse unas horas o unos días.
  • El período de recuperación es prolongado, por lo general 24 horas o más. Una recaída puede durar días, semanas o más.
  • El bajo umbral de fatigabilidad física y mental (poca resistencia) causa una reducción onsiderable del nivel de actividad premórbido.

Notas: Para el diagnóstico de EM, la gravedad de las manifestaciones debe ocasionar una reducción considerable del nivel de actividad premórbido del enfermo, de forma:

Leve (reducción de aproximadamente el 50% del nivel de actividad premórbido),

      • Moderada (confinado en casa la mayor parte del tiempo),
      • Grave (encamado la mayor parte del tiempo), o
      • Muy grave (postrado completamente en cama y necesitando ayuda para las funciones básicas).

B. Deterioros neurológicos

Se requiere al menos una manifestación de tres de las cuatro categorías siguientes.

  1. Deterioros neurocognitivos :
    • Dificultades en el procesado de la información: pensamiento enlentecido, concentración deteriorada. p. ej. confusión, desorientación, sobrecarga cognitiva, dificultad en la toma de decisiones, habla más lenta, y dislexia adquirida o por esfuerzo.
    • Pérdida de memoria a corto plazo: p. ej. dificultad para recordar lo que uno quiso decir, lo que estaba diciendo, la evocación de palabras, el recuerdo de información, mala memoria de trabajo.
  2. Dolor
    • Cefaleas: p. ej. cefaleas crónicas y generalizadas, que a menudo incluyen dolor de ojos, detrás de ellos, o en la nuca, que puede asociarse a tensión muscular cervical; migraña; cefaleas de tensión.
    • Puede haber dolor pronunciado en músculos, uniones músculo-tendinosas, articulaciones, abdomen o pecho. No es de carácter inflamatorio y a menudo migra: p. ej. hiperalgesia generalizada, dolor difuso (que puede cumplir criterios de fibromialgia), dolor miofascial o irradiado.
  3. Trastornos del sueño
    • Pautas del sueño alteradas: p. ej. insomnio, sueño prolongado incluso en las siestas, dormir la mayor parte del día y estar despierto la mayoría de la noche, despertar frecuente, despertar mucho antes de lo que lo se hacía antes de la enfermedad, sueños y pesadillas vívidos.
    • Sueño no reparador: p. ej. despertar sintiéndose exhausto independientemente de la duración del sueño, somnolencia diurna.
  4. Trastornos neurosensitivos, perceptivos y motores
    • Neurosensitivos y perceptivos: p. ej. incapacidad para enfocar la vista; sensibilidad a la luz, al ruido, a la vibración, a los olores, a los sabores y al tacto; merma en la percepción de la profundidad.
    • Motores: p. ej. debilidad muscular, tics, mala coordinación, sensación de inestabilidad estando erguido, ataxia.

 

Notas: Los deterioros neurocognitivos, referidos u observados, se intensifican con la fatiga. Los fenómenos de sobrecarga pueden ser evidentes en la realización de dos tareas simultáneas. Reacción anormal a la luz: fluctuante o con respuesta de acomodación reducida de las pupilas con reacción ralentizada. Los trastornos del sueño suelen manifestarse con sueño prolongado, a veces extremo, en la fase aguda y a menudo evolucionan a una intensa inversión del ritmo del sueño en la fase crónica. Los trastornos motores pueden no ser evidentes en los casos leves o moderados, pero pueden observarse marcha en tándem alterada y prueba de Romberg positiva, en los casos graves.

C. Deterioros inmunológicos, digestivos y genitourinarios

Se requiere al menos una manifestación de tres de las cinco categorías siguientes:

      • Manifestaciones similares a las de la gripe, que pueden ser recurrentes o crónicas y típicamente aparecen o empeoran con el esfuerzo. p. ej. dolor de garganta, sinusitis, crecimiento o sensibilidad a la palpación de los ganglios linfáticos cervicales y/o axilares.
      • Susceptibilidad a las infecciones víricas, con convalecencias prolongadas.
      • Aparato digestivo: p. ej. náuseas, dolor abdominal, distensión, síndrome del intestino irritable.
      • Genitourinarias: p. ej. urgencia urinaria, polaquiuria, nicturia.
      • Hipersensibilidades a alimentos, medicamentos, olores o productos químicos.

Notas: El dolor de garganta, los ganglios linfáticos sensibles y las manifestaciones similares a las de la gripe obviamente no son específicos de la EM, pero su aparición como reacción al esfuerzo es anormal. El enfermo puede sentir la garganta irritada, seca y áspera. Pueden apreciarse hiperemia y semilunas carmesí en las áreas amigdalares, lo que indica activación inmunitaria.

D. Deterioro en la producción y el transporte de energía

Se requiere como mínimo una manifestación.

      • Cardiovascular: p. e. incapacidad para tolerar una postura erecta – intolerancia ortostática, hipotensión mediada neuralmente, síndrome de taquicardia ortostática postural, palpitaciones con o sin arritmias cardíacas, mareos.
      • Respiratoria: p. e. disnea, respiración difícil, fatiga de los músculos del tórax.
      • Pérdida de estabilidad térmica: p. e. Temperatura corporal por debajo de lo normal, fluctuaciones intensas a lo largo del día, accesos de sudor, sensación recurrente de fiebre con o sin febrícula, extremidades frías. Intolerancia a temperaturas muy altas o muy bajas.

Notas:La intolerancia ortostática puede retrasarse unos minutos. Estos enfermos pueden padecer livedo reticularis, palidez intensa o fenómeno de Raynaud. En la fase crónica, las lúnulas pueden menguar.

 

Cabe reseñar que el Consejo de los Colegios de Médicos de Catalunya en el informe publicado en la Revista Praxis del mes de abril de 2007, recoge y amplía los criterios entonces imperantes a los cuales nos remitimos.

Test de reserva aeróbica: La fatiga se puede valorar de forma orientativa por la capacidad de esfuerzo (MET, equivalente metabólico) con una prueba de esfuerzo ergométrica en cinta y comparándola con la de consumo de O2 que para el mismo ejercicio tiene una persona de control de la misma edad y sexo.

Bateria neurocognitiva (WAISS III): El WAIS es un test construido para evaluar la inteligencia global, entendida como concepto de CI, de individuos entre 16 y 64 años, de cualquier raza nivel intelectual, educación, orígenes socioeconómicos y culturales y nivel de lectura Es individual y consta de 2 escalas: verbal y de ejecución. Está basada en la teoría bifactorial de Spearman. Inteligencia, tomada desde un punto de vista global, ya que está compuesta por habilidades cualitativamente diferentes(rasgos), pero no independientes. Pero ésta suma de habilidades no sólo se expresa en función de su calidad, sino también de factores no intelectuales como puede ser la motivación. La inteligencia implica cierto grado de competencia global.

La SPECT cerebral: Es una tomografía computarizada de emisión monofotónica (parecida a la radiografía) que obtiene imágenes bidimensional pero pueden combinarse muchas imágenes tomadas desde distintas posiciones alrededor del paciente para obtener una imagen tridimensional

Tabla basculante: Es un test útil para objetivizar disfunción vegetativa. La prueba de la mesa basculante, llamada en inglés tilt test, se usa para el estudio de desmayos o sensación de desvanecimiento. Gracias a ella se puede poner a prueba el sistema cardiovascular y comprobar si es capaz de responder correctamente a cambios en la gravedad, la tensión arterial, o el ritmo cardíaco. Cuando falla, el corazón no bombea la sangre necesaria hacia el cerebro y durante unos segundos se pierde el flujo sanguíneo; es lo que se conocer como síncope.

Marcadores biológicos: A través de análisis de sangre se pueden detectar alteraciones en las sustancias autoinmunes que según recientes estudios demuestran la afectación orgánica que provoca la enfermedad (revista de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, Science Advances)

Las sentencias del TSJ de Catalunya (por ejemplo la stencia 3463/2013 de fecha 15/05/13) y TSJ de Baleares se han pronunciado expresamente sobre su valor probatorio en procesos judiciales a fin de acreditar la severidad de las limitaciones físicas y neurocognitivas que conlleva la SFC/EM, reconociendo expresamente que “(…) especialmente importante es el hecho que el actor ha estado sometido a pruebas objetivas, como una batería neurocognitiva (que concluye que existe un deterioro cognitivo severo) así como un test de reserva aeróbica, que concluye que el actor tiene una capacidad de trabajo extremadamente inferior (…)”.

La etiqueta “síndrome de fatiga crónica” (SFC) ha persistido durante muchos años pero en vista de recientes investigaciones y la experiencia clínica que apunta fuertemente a inflamación generalizada y neuropatología multisistémica, es más apropiado y correcto utilizar el término “encefalomielitis miálgica” (EM) porque indica una subyacente patofisiología, si bien es cierto que dicha interpretación nace de los criterios de consenso internacionales publicados en julio de 2011 en la revista “Journal of Internal Medicine”, al cual nos remitimos.

La nueva denominación es coherente con la clasificación neurológica de EM en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (ICD G93.3).

La fatiga crónica o encefalomielitis miálgica es una enfermedad neurológica adquirida, con alteraciones globales complejas. Sus características más destacadas son el trastorno patológico de la regulación de los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino, con afectación del metabolismo energético celular y del transporte de iones. Aunque los signos y síntomas son dinámicamente interactivos y están conectados causalmente, los criterios se agrupan por regiones fisiopatológicas para ofrecer una idea de conjunto.

El enfermo de SFC/EM habitualmente se refiere a los síntomas que padece como una permanente gripe: cansancio permanente que no desaparece con el descanso, abatamiento, dolor generalizado y difuso que no desaparece con la ingesta de fármacos. Además desarrollan graves afectaciones neurocogntivas: falta de concentración, memoria, atención, afasia, acalculia.

Ante esta doble sintomatología (cansancio crónico y afectación neurocognitiva) los enfermos no tan solo no pueden trabajar ni en puestos de trabajo sedentarios o con poca exigencia neurocognitiva, sino que les afecta a la vida social y personal, obligándolos a limitar la actividades de ocio y familiares, lo cual provoca en muchos casos aislamiento social (no quieren/pueden salir de casa) y suelen desarrollar trastornos adaptativos e incluso depresivos por tal circunstancia.

La etiqueta “síndrome de fatiga crónica” (SFC) ha persistido durante muchos años pero en vista de recientes investigaciones y la experiencia clínica que apunta fuertemente a inflamación generalizada y neuropatología multisistémica, es más apropiado y correcto utilizar el término “encefalomielitis miálgica” (EM) porque indica una subyacente patofisiología, si bien es cierto que dicha interpretación nace de los criterios de consenso internacionales publicados en julio de 2011 en la revista “Journal of Internal Medicine”, al cual nos remitimos.

La nueva denominación es coherente con la clasificación neurológica de EM en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (ICD G93.3).

La fatiga crónica o encefalomielitis miálgica es una enfermedad neurológica adquirida, con alteraciones globales complejas. Sus características más destacadas son el trastorno patológico de la regulación de los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino, con afectación del metabolismo energético celular y del transporte de iones. Aunque los signos y síntomas son dinámicamente interactivos y están conectados causalmente, los criterios se agrupan por regiones fisiopatológicas para ofrecer una idea de conjunto.

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